De piedra el corazón y de acero el alma. Conciencia de marfil, aunque culpa de cristal. Es parte del mundo, de la tierra, de lo arcilloso de vivir antes la mirada de miles que creen saberte, y no saben nada.
De ámbar la historia frente a mis ojos. De fresias la época del año en que nos besamos. En que dejamos atrás la hibernación de las ganas y nos explota, nos exprime el color, la sed, el hambre de vivirnos eternamente.
El espacio de la ausencia llena más, más me colma que el remanso de caudaloso de tu río de alturas y penas y muertes y nacimientos.
Soy aceite sobre el mar, mancha que se expande, se derrama desde el cielo y se regocija flotándote. Un algo, un grano de arcilla.
El corazón de acero. El alma de piedra
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